En los últimos años de mi década en Nueva York, fotografié varias bodas — algo que me encantó hacer, por la empatía con las emociones de un evento tan especial. Nada supera la belleza de dos personas comprometiéndose y compartiendo ese cariño con sus seres queridos. Es un campo en el que quisiera desarrollar más de mi trabajo, para ofrecer mi visión a cualquier pareja que busque un ojo honesto y apasionado para contar la historia de su día más feliz. La mayoría de mis clientes de boda en Nueva York fueron parejas del mismo sexo, y el hecho de conocer yo mismo (y haberlo experimentado) cuán duro el camino hacia la igualdad matrimonial en los Estados Unidos había sido, me dio cierta complicidad y entendimiento con los cónyuges. Aunque me guste tomar algunas imágenes tradicionales de boda (la pareja posando, grupos de familias, etc.) mi mayor fortaleza al trabajar una celebración viene de mi trabajo artístico en foto de calle y documental, y mi reconocida habilidad para capturar excelentes momentos no posados en la vida real. Las emociones más reales que aparecen cuando nadie espera que alguien esté fotografiando. Por lo tanto, me encantaría ofrecer a más potenciales clientes que estén pensando casarse este enfoque, combinado con el más tradicional, para contar visualmente una historia más rica, profunda y verdadera de los eventos del feliz día y todos sus personajes.